Reintegración cromática y protección final
Recuperar la lectura del conjunto respetando las lagunas
Una vez estabilizados los materiales originales, tratadas las zonas con policromía desprendida y completada la limpieza de suciedad, humo y barnices oxidados, se abordó la reintegración de las pérdidas que alteraban la lectura del retablo.
El paso del tiempo, los movimientos de la madera, los roces, las intervenciones anteriores y la propia fragilidad de las capas de preparación y policromía habían provocado lagunas en distintas zonas del conjunto. Estas pérdidas interrumpían líneas, molduras, decoraciones vegetales, fondos arquitectónicos pintados, dorados y otros elementos de la composición, dificultando una lectura unitaria del retablo.

La reintegración no persigue reconstruir de manera ilusoria aquello que se ha perdido ni ocultar la historia material de la obra. Su finalidad es recuperar una continuidad visual suficiente para que las lagunas no dominen la percepción del conjunto, manteniendo a la vez el respeto hacia los materiales originales y la posibilidad de distinguir la intervención restauradora mediante una observación próxima.
En las zonas que lo requerían, las lagunas se nivelaron previamente hasta alcanzar un plano adecuado respecto de la superficie original. Después se realizó la reintegración cromática mediante la técnica del rigattino, también denominada tratteggio. Este sistema consiste en aplicar finas líneas de color, generalmente paralelas y verticales, que se combinan ópticamente cuando la obra se observa a una distancia normal.


De cerca, el rigattino permite reconocer que se trata de una reintegración contemporánea y no de policromía original. A cierta distancia, las líneas se integran visualmente y contribuyen a recuperar la continuidad cromática de la decoración. Esta técnica permite, por tanto, conciliar dos principios esenciales de la conservación-restauración: la legibilidad estética del conjunto y la discernibilidad de la intervención.
La aplicación se realizó de forma gradual, ajustando tonos, intensidad y trama a las características de cada área. No todas las lagunas exigían el mismo grado de reintegración: se valoraron su extensión, ubicación, importancia visual y relación con las formas originales conservadas. El criterio fue siempre evitar que las reintegraciones adquirieran más protagonismo que la obra histórica.

Una vez finalizados los trabajos de reintegración, se aplicó un barniz de protección final formulado con protección frente a la radiación ultravioleta. Esta capa contribuye a proteger las superficies frente al depósito de polvo, la suciedad ambiental y otros agentes de alteración, al tiempo que ayuda a unificar el acabado superficial y a recuperar una percepción más equilibrada de los colores y dorados. Los barnices empleados en conservación pueden actuar como capas de protección “sacrificiales”: están concebidos para envejecer antes que la superficie original y, si fuera necesario, poder ser sustituidos en una futura intervención.
El resultado final no pretende presentar un retablo “nuevo” ni eliminar las huellas de su larga trayectoria. La reintegración y la protección final permiten recuperar una lectura más clara de la arquitectura pintada, los motivos de guirnaldas, los dorados, las imágenes y las decoraciones del ático, manteniendo visible la autenticidad de una obra vinculada desde hace siglos al espacio del Pedrón y a la tradición jacobea de Padrón.
