Los primeros tratamientos

Los primeros tratamientos: documentar, limpiar y fijar

Una vez realizada la documentación fotográfica previa, comenzó la intervención directa sobre el retablo. Esta fase inicial permitió pasar del estudio visual y el diagnóstico a los primeros tratamientos de conservación, siempre con una metodología gradual y adaptada al estado material de cada zona.

El primer procedimiento fue la limpieza superficial. La retirada controlada de polvo, depósitos y suciedad no solo mejora la percepción de las superficies: también permite observar con mayor claridad el verdadero estado de conservación de la obra. Bajo las acumulaciones superficiales pueden hacerse más visibles las grietas, los levantamientos de policromía, las pérdidas, los repintes, las intervenciones anteriores y otros detalles relevantes para el diagnóstico.

De manera paralela, se llevó a cabo la fijación de las capas de policromía que presentaban falta de adhesión al soporte o a los estratos subyacentes. En estas zonas, la preparación y la capa pictórica pueden levantarse, separarse o desprenderse, con el consiguiente riesgo de pérdida irreversible de material original.

La fijación tiene como finalidad devolver estabilidad a esos estratos frágiles y evitar que continúen deteriorándose durante el desarrollo de los trabajos. Es una operación prioritaria: antes de abordar procesos como la limpieza de barnices, el tratamiento de repintes o la reintegración de lagunas, resulta imprescindible asegurar la conservación de la materia original.

Así, la intervención comenzó por dos principios básicos de la conservación-restauración: conocer mejor la obra a través de la limpieza controlada y preservar sus capas originales mediante la consolidación de las zonas más vulnerables.

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