El retablo y el Pedrón

Una arquitectura para custodiar la memoria jacobea

El retablo mayor de la iglesia de Santiago Apóstol de Padrón no es una obra aislada dentro del templo. Su forma, dimensiones y disposición responden de manera precisa a la arquitectura de la cabecera y, sobre todo, a la necesidad de integrar y proteger uno de los elementos más simbólicos del santuario: el Pedrón.

La construcción se apoya directamente sobre el suelo, abrazando el espacio donde se conserva esta piedra vinculada por la tradición al amarre de la nave que habría trasladado el cuerpo del apóstol Santiago. Bajo la plataforma, a la altura de la mesa de altar, se mantiene un ámbito diáfano que puede cerrarse mediante dos puertas. En esta zona se sitúa una tabla con la inscripción:

CIPPUS, CUI NOMEN PETRONIUM ADEST, EI NAVIM S. JACOBI ZEBEDAE I CORPORIS VECTRICEM ALLIGATAM FUISSE PIE CREDITUR.

Su sentido puede expresarse, de forma aproximada, así: “En este hito, en el que aparece el nombre de Petronio, se cree piadosamente que estuvo amarrada la nave de Santiago el Mayor, portadora de su cuerpo”.

Esta relación entre retablo, altar y Pedrón explica buena parte de la singularidad del conjunto. La restauración no puede limitarse a tratar madera, policromía o dorados: debe comprender el retablo como una obra pensada para un lugar concreto, ligada a una memoria devocional que ha hecho de Padrón una referencia esencial del relato jacobeo. La intervención pública anunciada contempla precisamente trabajos sobre la estructura del retablo y sobre el área de altar asociada al Pedrón.

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